martes, 6 de diciembre de 2016

Agroecología en el sentido político. Necesario

La Agroecología “Lite”: cooptación y resistencia en los Países del Norte

Agroecología
"La agroecología—como contra-movimiento a la Revolución Verde—se encuentra en una encrucijada, luchando contra la cooptación, la subordinación, y los proyectos reformistas que borran su historia y excluye su definición política.[vii] Una agroecología despolitizada carece de sentido social, está desconectada de las realidades agrarias, es vulnerable al régimen alimenticio corporativo y aislada del poder creciente de los movimientos de soberanía alimentaria mundiales."
La Revolución Verde es un modelo tecnológico estandarizado que pretende desarrollar agrícola mundial y que surgió en el “granero” de los Estados Unidos. Tras la II Guerra Mundial, los Estados Unidos convirtieron sus “espadas en arados” transformando grandes reservas de nitrato y veneno usados durante la guerra en fertilizantes y en pesticidas, y restaurando las fábricas de armamento con el fin de construir nuevas—y grandes—máquinas agrícolas. Produjeron semillas hibridas que respondían a la irrigación y a los insumos químicos. Estalló la agricultura industrial.
Los agricultores estadounidenses compraron rápidamente todas las nuevas tecnologías que necesitaban. Entonces semillas, agroquímicos y maquinarias empezaron a acumularse en los almacenes y bodegas. Como solución al problema de excedente industrial, se exportó el modelo de producción agrícola industrial hacia distintos ámbitos geográficos, culturales y sociales del hemisferio sur.
Carl Sauer, un profesor de geografía muy respetado de la Universidad de Berkeley California, con amplia experiencia en la agricultura latinoamericana, fue inicialmente contratado por la Fundación Rockefeller como asesor del programa estadounidense Mexican Agricultural Program (Programa Agrícola Mexicano), acerca de la posibilidad de exportar tecnologías agrícolas estadounidenses a México, supuestamente para aumentar la seguridad alimentaria mexicana. Sauer aconsejó a Rockefeller fuertemente en contra de este enfoque:
“Un grupo de agrónomos agresivos y productores estadounidenses podrían arruinar para siempre los recursos naturales, sólo para promover las reservas estadounidenses… y México no puede orientarse hacia la estandarización de algunos productos comerciales sin afectar desesperadamente su economía y su cultura local. A menos que los estadounidenses lo entiendan, harían mejor manteniéndose totalmente alejados de este país. Para abordarlo es preciso revalorar la solidez de las economías locales.” [i]
La Fundación Rockefeller descartó las preocupaciones de Sauer y, a pesar de la existencia de una oposición interna, llevó a cabo su proyecto; un proyecto que se convirtió en una campaña de 50 años, llamada la Revolución Verde.
Gracias al crédito subvencionado y al apoyo de instituciones internacionales y de programas gubernamentales, la Revolución Verde se extendió hacia millones de agricultores de los países del sur. Un programa de inversión masivo permitió incrementar la producción alimentaria mundial, exponencialmente. Sin embargo, las predicciones de Sauer se hicieron realidad: dado que la tecnología requiere capital, la producción se concentró en fincas grandes y se concentró cada vez en manos de pocos agricultores; en las mejores tierras agrícolas. Los pequeños agricultores fueron desplazados hacia los terrenos frágiles y a la frontera agrícola de las selvas tropicales. Si bien se les ofrecieron créditos baratos con el fin de comprar semillas y agroquímicos de la Revolución Verde, estos insumos no tardaron en destruir la fertilidad de sus suelos y en erosionar su diversidad genética local. Los rendimientos cayeron, millones de pequeños agricultores quebraron económicamente, y se perdieron millones de hectáreas de selvas y de tierras agrícolas.
La Revolución Verde fue desastrosa para los países del sur. En medio del desastre los agricultores lucharon para seguir trabajando en sus tierras y para restablecer la integridad ecológica de sus sistemas agrícolas. Encontraron una vía con la agroecología.
Aunque numerosos académicos occidentales afirmen que el término de agroecología fue originalmente inventado por científicos europeos a principios del siglo XX,[ii] la agroecología se fundamenta en la lógica ecológica de la agricultura campesina e indígena, aún extendida en varias partes del mundo en desarrollo.[iii]
Hace treinta años, agroecólogos latinoamericanos sostuvieron que los sistemas desarrollados por los campesinos tradicionales durante siglos podían constituir un punto de partida para mejores estrategias de desarrollo agrícola a favor de los pobres. Desde el principio de los años 80, centenas de proyectos de agroecología—incorporando a la vez elementos del conocimiento tradicional y de la ciencia agrícola moderna—fueron impulsados en toda América Latina y en otros países del mundo en desarrollo. Numerosos proyectos agroecológicos demostraron los beneficios que aportan a las comunidades rurales a lo largo del tiempo, mejorando la seguridad alimentaria gracias a una alimentación local sana, reforzando sus recursos de base (suelos, biodiversidad, etc.), preservando su legado cultural y el modo de vida de los campesinos o de familias de agricultores, y promoviendo la resiliencia ante el cambio climático.[iv]
La agroecología contribuye también al proceso de “re-campesinización” a través del cual, a diferencia de la tendencia general de migración desde el campo a la ciudad, pequeños agricultores vuelven a sus tierras agrícolas. Para las organizaciones campesinas, la agroecología resultó vital en su lucha por la autonomía: les permitió reducir su dependencia de los insumos externos, los créditos y el endeudamiento, y también recuperar su territorio.[v] Al ser desarrollados y compartidos en muchos casos a través de una vasta red social de Campesino a Campesino, los enfoques agroecológicos del campesinado son parte integral de muchas luchas agrarias por reformas agrícolas y comerciales, así como de movimientos campesinos contra la expropiación de la tierra y las industrias extractivas. Para ellos, la agroecología no sólo es un proyecto científico o tecnológico, sino también un proyecto político de resistencia y de supervivencia. Es una ciencia, una práctica un movimiento.
En América Latina, a menudo se percibe la agroecología como una ciencia aplicada, arraigada en un contexto social que cuestiona la agricultura capitalista y que se asocia a los movimientos agrarios. En teoría, los agroecólogos latinoamericanos apoyan a la vez el desarrollo agrícola desde la base y la resistencia campesina, contra la agricultura corporativa y contra las políticas comerciales neoliberales.
La agroecología se está propagando en Estados Unidos y en Europa. Es una buena noticia. Sin embargo, al igual que la difusión de la Revolución Verde en el sur, la difusión de la agroecología en el norte ha sido objeto de una disyuntiva política.
En el hemisferio norte—y especialmente en los Estados Unidos—la dimensión política de la agroecología es problemática, ya que el hecho de cuestionar las causas profundas de la destrucción socio-ambiental de la agricultura industrial implica cuestionar el capitalismo mismo. Se requiere una crítica radical— yéndose a las raíces del problema—que va más allá de cambios menores o de “enverdecer” el modelo económico neoliberal que a veces se difunde como si fuera un cambio sustancial. Esto coloca a la agroecología fuera de los programas gubernamentales, no-gubernamentales y universitarios convencionales; y dentro de la resistencia de los movimientos sociales a favor de la soberanía alimentaria, de la autonomía local, y del control comunitario de la tierra, del agua y de la agro-biodiversidad.[vi]
Pero en los Estados Unidos como en Europa, la agroecología no está arraigada en fuertes movimientos agrarios. El debate agroecológico de los países del norte es dominado por un coctel ecléctico de argumentos apolíticos (en otras palabras: que evitan el tema del capitalismo), ampliamente promovido por los consumidores, los académicos, las instituciones mundiales, las grandes ONG y las filantropías. Este campo institucional usa una gran variedad de términos (intensificación sostenible, agricultura climáticamente inteligente, sistemas de producción diversificados, etc.) para definir la agroecología de manera reformista y como un conjunto de herramientas complementarias que permiten mejorar la caja de herramientas de todos. Grandes como pequeños, orgánicos como convencionales…un poco más de agroecología podría mejorar las relaciones entre todos.
La cooptación de las prácticas agroecológicas hará la agricultura industrial un poco más sostenible y un poco menos explotadora; pero esto no cuestionará las relaciones de poder subyacentes en nuestro sistema alimentario. Por otra parte, la versión “lite” de la agroecología no tiene en cuenta el hecho que los monocultivos industriales y de gran escala dañan la existencia de los pequeños agricultores que cultivan agroecológicamente. Las voces de los productores agroecológicos—de las comunidades afroamericanas, latinoamericanas, indígenas y asiáticas, de los pequeños agricultores y de los agricultores urbanos—así como de los consumidores de bajos ingresos económicos, de los académicos progresistas y de las ONGs que critican la agricultura convencional, son marginadas o silenciadas en este discurso.
La agroecología—como contra-movimiento a la Revolución Verde—se encuentra en una encrucijada, luchando contra la cooptación, la subordinación, y los proyectos reformistas que borran su historia y excluye su definición política.[vii] Una agroecología despolitizada carece de sentido social, está desconectada de las realidades agrarias, es vulnerable al régimen alimenticio corporativo y aislada del poder creciente de los movimientos de soberanía alimentaria mundiales.
La agroecología tiene un papel decisivo en el futuro de nuestros sistemas alimentarios. Si es cooptada por las tendencias reformistas de la Revolución Verde, el contra-movimiento agroecológico será debilitado, el régimen alimentario corporativo será sin duda reforzado, y las reformas sustanciales a nuestro sistema alimentario serán muy poco probables. No obstante, si los agroecólogos formaran alianzas estratégicas con los movimientos agrarios y de soberanía alimentaria—al interior como al exterior del territorio nacional—el contra-movimiento sería reforzado. Un contra-movimiento fuerte podría generar una voluntad política considerable a favor de la transformación de nuestros sistemas alimentarios.[viii]
Ya sea que reconozcamos política de la agroecología, o que tratamos de esconderla, son precisamente estas politicas agrarias las que determinarán el futuro de nuestra agricultura.
Por Eric Holt-Giménez y Miguel Altieri
Octubre de 2016
Traducción: Coline Charrasse.
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Notas
[i] Jennings, B. (1988) Foundations of International Agricultural Research: Science and Politics in Mexican Agriculture. Boulder CO: Westview Press.
[ii] Wezel, A., S. Bellon, T. Doré, C. Francis, D. Vallod and C. David. (2009) Agroecology as a science, a movement, and a practice. A Review. Agronomy for Sustainable Development, 29(4): 503–515.
[iii] Altieri, M.A. (2002) Agroecology: the science of natural resource management for poor farmers in marginal environments. Agriculture, Ecosystems and Environment. 93: 1–24.
[iv] Altieri, M.A. and C.I. Nicholls. (2008) Scaling up Agroecological Approaches for Food Sovereignty in Latin America. Development, 51(4): 472–80. URL: aquí
[v] Van der Ploeg, J.D. (2009) The New Peasantries: Struggles for Autonomy and Sustainability in an Era of Empire and Globalization. Earthscan, London, 356 p.
[vi] Rosset, P.M. & Martinez-Torres, M.E. (2012) Rural Social Movements and Agroecology: Context, Theory and Process. Ecology and Society, 17: 17-26
[vii] Roland, P. C, and R. W. Adamchak. (2009) Tomorrow’s Table: Organic Farming, Genetics and the Future of Food. Oxford, UK: Oxford University Press.
Tomich, T., S. Brodt, F. Ferris, R. Galt, W. Horwath, E. Kebreab, J. Leveau, et al. (2011) Agroecology: A Review from a Global-Change Perspective. Annual Review of Environment and Resources 36(15): 1–30.
[viii] Holt-Gimenez, E and M.A. Altieri 2013 Agroecology, Food Sovereignty, and the New Green Revolutio
Fuente: Food First
Copiado de Biodiversidad en América Latina y el Caribe: 
http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/La_Agroecologia_Lite_cooptacion_y_resistencia_en_los_Paises_del_Norte

viernes, 2 de diciembre de 2016

Debate sobre ley de semillas en Argentina

Ley de semillas: el debate continúa

La semana pasada concluyeron las exposiciones en el Congreso sobre posibles modificaciones al marco legal de semillas. Más de treinta representantes de diversos sectores plantearon sus propuestas y preocupaciones. Cuáles son los puntos conflictivos de un debate que continúa abierto.
Por Vanina Lombardi   
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Agencia TSS – El 13 de octubre pasado, el oficialismo presentó en el Congreso un proyecto de modificación del marco legal de semillas (Ley 20.247), que busca ponerle fin a una polémica que comenzó hace años y que se hizo conocida a través de una campaña en contra de la que fue denominada como “Ley Monsanto”. Pero la discusión supera esos límites, ya que se refiere al sistema de propiedad intelectual que regiría sobre las semillas, lo que podría restringir su acceso y afectar el rumbo mismo del modelo de producción agrario.
En dos jornadas que se llevaron a cabo durante noviembre, la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados de la Nación abrió un espacio para que representantes de la industria y organizaciones civiles, gubernamentales y agrarias pudieran exponer sus propuestas, preocupaciones y apreciaciones sobre esta problemática.
El resultado fue la participación de más de treinta expositores y la presentación de al menos seis proyectos de ley, aunque no se llegó a ninguna resolución y la nueva legislación deberá seguir esperando hasta el próximo año para ser tratada. Entre los puntos más conflictivos se destacan el derecho de obtentor –de conservar las semillas para uso propio, que actualmente está permitido y se quiere limitar–, el pago de la tecnología incluida en las semilllas, el rol del Instituto Nacional de Semillas (INASE) como organismo de control y con capacidad para sancionar ante el incumplimiento de la ley, y si se tratará de una ley de orden público o no.
“Hoy no lo es, por eso puede haber contratos entre privados que están por fuera de la ley, como los de Monsanto por la Intacta RR2, que incluye las regalías extendidas que no contempla la ley”, ejemplifica Tamara Perelmuter, que participó en las presentaciones en representación de la Multisectorial contra la Ley “Monsanto” de Semillas, y detalla que, tanto el proyecto del Gobierno como el que presentó la Federación Agraria Argentina (FAA), plantean el orden público, mientras que el de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) no lo dice, “pero en sus intervenciones, al igual que Singenta, ArPOV (Asociación Argentina de Protección de las Obtenciones Vegetales), AAPRESID (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa) y entidades más duras del agronegocio, argumentaron expresamente a favor de que la ley no sea de orden público y que puedan existir contratos entre privados que contemplen cosas que la ley no, como las regalías extendidas”, dice. Esto implicaría la obligación de seguir pagando el derecho de propiedad intelectual que se replica en la semilla cosechada.
Ley pionera
Actualmente, la Argentina cuenta con una normativa de semillas pionera en Sudamérica, que se caracteriza por resguardar la figura del fitomejorador y permitir la reutilización de la semilla producida. Fue promulgada en el año 1973, cuando las semillas que se cultivaban en el país eran principalmente híbridas y la ciencia todavía no había permitido agregar bacterias o genes de otros organismos dentro de ellas. Pero, con los avances de la biotecnología y la adopción de cultivos transgénicos en el país, sobre todo a partir de 1996, la conformación agraria cambió por completo.
“Cuando se promulgó la ley, el 75 % de lo que se sembraba en la Argentina eran híbridos y el resto autógamas, solo de trigo, ya que no había soja. Hoy, tenemos un patrón completamente al revés: prácticamente, el 75 % de lo que se siembra es semilla autógama, básicamente de soja y trigo, y el resto son híbridos”, detalla Miguel Rapela, director ejecutivo de ASA y de ArPOV, y agrega que “esto ha hecho que esta ley empezara a mostrar muchas fisuras con respecto al manejo de la situación”.
Por eso, muchos consideran que es necesario actualizar la ley actual, y por eso también el tema de la conservación de semillas para uso propio es uno de los puntos mas controvertidos en este debate. “Entendemos que el uso propio tiene que ser un derecho y no una excepción, tiene que ser libre y de manera gratuita”, sostiene Perelmuter y subraya que “la contracara de esto tiene que ver con la persecución a los productores, y eso es un problema: hay muchos ejemplos en Colombia, Estados Unidos y Canadá en los que la criminalización y la persecución a los productores ha sido muy grave”.
Esta consideración también se ajusta a la concepción que tienen en el Movimiento Nacional Campesino Indígena – Vía Campesina (MNCI-VC), para quienes las semillas son “patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad”, puesto que “son el fruto de miles de años de desarrollo de nuestros pueblos, siempre han estado en manos de productores, campesinos e indígenas y son el primer eslabón de la producción de alimentos. No puede subordinarse la soberanía alimentaria, productiva y económica de nuestros países en pos de intereses económicos, que es el fondo de las discusiones actuales sobre los proyectos para una nueva ley de semillas”.
Los proyectos presentados, según Rapela, si bien contienen diferencias en cuanto a los parámetros y el modo de aplicación, “todos establecen que tiene que haber algún tipo de equilibrio a favor del obtentor y que se pague algo por la reproducción de una semilla protegida. En eso hay coincidencia total”.
Para Perelmuter –investigadora y docente de Sociología Rural– “la ley actual ya plantea problemas, porque estamos discutiendo la posibilidad de apropiación de las semillas. Ahora permite el uso propio, y en este contexto entendemos que lo mejor es que la ley no se modifique”. Y sostiene que la discusión también debería considerar la posibilidad de establecer “una ley de semillas que tenga que ver con otro modelo agrario”. Además, recuerda que, desde 2014, existe una Ley de Agricultura Familiar que todavía espera ser reglamentada y que se le asigne presupuesto, “que plantea justamente la discusión de las semillas nativas y criollas, que no están excluidas de la ley pero tampoco se las menciona en el debate. También planteamos la discusión sobre lo público y lo privado y la necesidad de volver a discutir cómo reforzar la investigación y producción pública de semillas”.
Rapela detalla que el principal obtentor de variedades vegetales en Argentina es el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), con 1.015 variedades inscriptas, seguido por Nidera, con 601 (casi la mitad) y por Singenta, Monsanto y Don Mario. “Entre los cinco primeros tenemos una empresa 100 % argentina y la principal institución de investigación pública. No es una ley para la industria privada, sino que abarca todo. Parece un sinsentido que el Estado, por un lado, subvencione la investigación de organismos como el INTA, y, al mismo tiempo, no le otorgue protección a las invenciones que realiza”.
La semilla como invento y la naturaleza como fotocopiadora
El actual marco legal sobre patentes establece que solo pueden registrarse con ese título de propiedad intelectual aquellos desarrollos que sean “inventos”.  Por eso, tras los avances en biotecnología, algunas semillas pueden incluir “eventos tecnológicos” que son pasibles de ser patentados. En la Argentina, la Ley de Patentes es de 1994 y rige para cualquier tipo de invento. Dos años más tarde, en 1996, ingresaron al país las primeras semillas de soja transgénica.
Así, se generó la convivencia de dos regulaciones contrapuestas: para patentes y para semillas. La primera restringe el acceso a estos bienes mientras que la segunda respeta el derecho del obtentor y de los investigadores que quieran estudiarlas o trabajar con ellas.
De este modo, en el laboratorio, a las nuevas variedades registradas se les pueden incorporar modificaciones genéticas patentables –algo que en general solo está al alcance de las grandes empresas biotecnológicas, debido a la complejidad y costos del proceso– y, debido a la materialidad de estos bienes, el dueño de la patente se estaría apropiando –de manera indirecta– de los otros miles de genes que componen a la semilla, entre los cuales también se encuentran los del fitomejorador que logró estabilizar la variedad registrada y el trabajo de miles de años de campesinos que fueron seleccionando las mejores semillas, cosecha tras cosecha.
“Las patentes sirven para proteger invenciones biotecnológicas, es decir, construcciones artificiales de genes que se hacen en el laboratorio. Ocurre que muchas de las variedades vegetales modernas contienen construcciones genéticas artificiales o trans-genes que pueden estar protegidos por patentes, lo que ha generado confusiones sobre los alcances y solapamientos de una ley respecto de la otra, cuando en realidad no es así, porque convivimos permanentemente con coexistencia de derechos”, argumenta Rapela y explica que, cuando un productor se guarda grano para usarlo como semilla, sembrará una copia exacta del material originalmente adquirido, lo que se vincula con lo que se conoce como “agotamiento del derecho”, que ocurre cuando no hay posibilidad de imitar una tecnología protegida que ha sido adquirida.
“La naturaleza es como una gran máquina fotocopiadora que permite, en el caso de las variedades autógamas, tener al año siguiente una copia exacta del material originalmente adquirido”, dice Rapela. Y agrega: “Entendemos que para los productores es difícil de entender, pero tiene que existir un equilibrio y la ley actual, desde el punto de vista de los desarrolladores de semillas, es muy desequilibrada porque establece que todos pueden guardarlas e incrementarlas sobre la cantidad originalmente adquirida y no pagar. Entonces, si todos pueden hacer eso, no existe industria”.
Pero la industria es solo una de las partes involucradas en esta discusión que se vuelve más y màs  compleja. Por eso, la multisectorial que agrupa a más de 40 organizaciones civiles y sociales, incluidos los pequeños productores familiares, cuestionó la metodología de la Comisión legislativa para analizar los proyectos de ley. “Entendemos que esto no es una audiencia pública y que están quedando fuera un montón de voces. Todos los que estaban ahí eran principalmente del agronegocio, en particular del sojero, y todo el tiempo se hizo una asociación de semillas y biotecnología. Por lo tanto, se hablaba como si todas las semillas que existen en nuestro país fueran transgénicas cuando no es así y muchos agricultores no formaron parte de la discusión”, advierte Perelmuter. Y concluye: “Planteamos que existan verdaderas audiencias públicas y que no solo se discuta en la Comisión de Agricultura, sino también en las de Salud y Ambiente, y que se practique la consulta previa a las comunidades indígenas, como plantea el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, porque entendemos que tiene que ver con una discusión que también involucra a los pueblos originarios”.

Fuente: http://www.unsam.edu.ar/tss/ley-de-semillas-el-debate-continua/

miércoles, 30 de noviembre de 2016

II ENCUENTRO NACIONAL DE LA QUINUA 2016



Popayán- Cauca  1 y 2 diciembre


Temática Aspectos Históricos y Socio Culturales

Escenario: Quinuacultura en Colombia-.  La palabra y su rol
La Real Academia Española recoge el vocablo *quinua¨* que a su vez proviene de los términos KINUWA o KIUNA del Quechua.  Para la FAO en lengua Quechua se la denomina CHISIYA que significa  ¨*grano madre¨*
Del latín: * cultor* o *cultoris*.  Hace referencia  a la persona que siembra, cultiva, cosecha, cuida, conserva, consume, pinta, canta, narra, es el criador del arte de la Quinua.
Quinuacultora, Quinuacultor, Quinuacultores, Quinuacultura: Palabra compuesta  que identifica, a las personas inmersas desde la selección de semilla, preparación del suelo, siembra, cultivo, producción, cosecha, elaboración, valores agregados hasta el consumo dietario humano e interacciones sociales.

El Protagonista
El Quinuacultor (a) es  en la persona el  Padre, la Madre, hijos y familia que habitan con el alma del grano.  Es el multiplicador  perenne de la quinua. Vive del sudor de sus manos aferrado al azadón, al arado y  abrazado  a su herencia ancestral que corre  por sus venas, nutre su cuerpo  al calor del fogón de su hogar.
Como individuo, ser social y cultural,  asume sus decisiones, reconoce las necesidades  y valores de las personas, es digno de su libertad para conocer, aprender e interactuar con la comunidad día a día, en la plaza de mercado, en las festividades  y en la minga.
En  la  Quinuacultura las personas son seres sensibles que han hecho del  grano andino su marca de vida, sienten  más profundamente el sabor de lo propio, lo autóctono, lo preservan, dan su toque personal.  En esencia  son maestros en el arte que construyen.



 La Parcela
.El Quinuacultor (a) misiona en la producción un medio para desarrollar su personalidad, su  unidad agrícola familiar dentro de la economía del bien vivir, el bien común, precio y comercio justo en cada uno de los eslabones de la cadena agroproductiva de la quinua.
En  la Quinuacultura, la propiedad –colectiva o individual – sobre los
medios de producción y recursos naturales es el laboratorio que posibilita la expansión de  los beneficios económicos, competitivos y eficientes  a favor de la sociedad, la familia y los individuos.


El Medio Ambiente
El Quinuocultor (a) es libre  de preparar y  aplicar los insumos con responsabilidad.  Es guardián e impulsor de la preservación y defensa de  los recursos naturales.  Es cultor de  la agricultura regenerativa,  ambientalmente limpia y generativa de  alimentos sanos.
Selecciona en su parcela las mejores plantas, panojas y granos; multiplicando y conservando las variedades de quinua y demás granos.  Es resiliente a los tratados y leyes de patentes que permiten la privatización de las semillas.  Hace a sus cultivos, rotación y asociación con plantas de la región (maíz, haba, arveja, trigo...)
Reconoce  la biodiversidad y fomenta  los granos andinos tales como Quinua, Kañiwa,  Kiwicha o Amaranto, lupino y  plantas como la  Oca, Olluco, Añu, Arracacha, Yacón, Maca, Chago, las plantas aromáticas y medicinales, hortalizas y frutales,  los policultivos multipropósito, declarando las áreas libres de organismos genéticamente modificados (OGMs).

La Asociatividad
El Quinuacultor (a) es por excelencia solidario y  asociado.  Hace de su libertad,  autonomía  y autodeterminación comunitaria,  humaniza los procesos empresariales-culturales entorno a la realidad actual para   transformarla de manera creativa y participativa.
El Quinuacultor (a) promueve  desde la asociatividad, la integración  financiera, productiva, distributiva  y de consumo,  la igualdad de oportunidades, beneficios equitativos de aportes  y utilidades entorno a los principios o valores como la confianza, honestidad, cooperación  y responsabilidad.

Pensamientos Alusivos a la Quinuacultura
Satisfacer las necesidades alimentarias y nutricionales de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las futuras de  atender sus propias necesidades .Informe Brundtland /Nuevo futuro Común. Apellido de la líder Noruega Gro Harlen.
 Todo lo grande y toda la inmensidad están contenidos en lo pequeño. Lo pequeño no es otra cosa que la inmensidad a la medida humana.  Manfred Max-Neef.  La dimensión de lo desconocido.
Nosotros somos como los granos de quinua: si estamos solos, el viento los lleva lejos pero si estamos unidos en un costal, nada hace el viento. Bamboleará, pero no nos hará caer.  Dolores Cacuango.  Pionera de los Derechos Indígenas del Ecuador.
   Todos perdemos cuando los cultivos que podrían mejorar la alimentación, la salud y el ingreso, resultan abandonados por las comunidades, marginalizados por la agricultura, ignorados por la ciencia y eliminados de la dieta de los consumidores. Stefamo Padulosi/ Biodiversity.  



NARIÑO CORAZÓN  DEL MUNDO
NACE LA CADENA DEPARTAMENTAL DE LA QUINUA
De Nariño andino la producción y recuperación de alimentos ancestrales por parte  de la comunidad en un ambiente participativo, generador de ingresos, bienestar y calidad de vida, comprometida con las políticas  de  Desarrollo Agrario Integral  se articula con  los Departamentos   Cauca, Cundinamarca y Boyacá, representando para la Quinuacultura Colombiana,  la Consolidación  Nacional de la Cadena  Agroalimentaria de la Quinua.

CONSOLIDACIÓN CULTURAL
En el rescate ancestral y seguridad alimentaria familiar.
CONSOLIDACIÓN SOCIAL
En el entorno asociativo, solidario, cooperativo y autogestionario.
CONSOLIDACIÓN ECONOMICA
En la formación  con visión agroempresarial y comercio justo.

CONSOLIDACIÓN TECNOLÓGICA
Con la innovación, investigación, acceso a semillas, insumos, maquinaria y equipos para su trasformación.

Gerardo Bohórquez Tascon
Economista Agrario- Quinuacultor                gerardob1953@gmail.com
San Juan de Pasto, noviembre de 2016



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